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A menudo nos preguntamos qué ha salido mal. Cuando tenemos una entrevista de trabajo de la que no sales muy convencido o cuando vas al banco a pedir financiación para abrir tu propio negocio y te encuentras con el escepticismo del señor que te atiende. También podemos preguntarnos lo mismo cuando tenemos una cita con alguien que hemos conocido online y no acaba del modo en que a uno habría gustado.

Cuando se dice que la primera impresión es lo único que cuenta quizá se exagera, pero lo que es seguro es que esa primera impresión puede ser determinante en la relación que en adelante se establezca con una persona.

Por eso, ante eventos importantes como los que he descrito antes no podemos pasar por alto ningún detalle de los que pueden inclinar la balanza a un lado u a otro.

La estética.

En filosofía, la estética era la rama que se encargaba de estudiar esencia y la percepción de la belleza o lo que es lo mismo, ¿Qué hace que algo sea mas o menos bello? Está claro que no se trata de discriminar entre guapos y feos para financiar un negocio, pero hay que cuidar nuestro aspecto físico si queremos tener éxito cuando vamos a presentarnos ante alguien.

No es aconsejable llegar a una entrevista de trabajo con la camisa arrugada o con la barba descuidada, por ejemplo. Tampoco sería buena idea ir al banco a solicitar un préstamo con el que financiar la fantástica idea de negocio que tenéis en la cabeza con la ropa con la que sueles ir al gimnasio. Se podrían poner infinidad de ejemplos más o menos extremos, pero esta cosa de que hay que cuidar el aspecto físico ya es obvio para la mayoría de la población, aunque no toda. Hay que aclarar que no se pretende decir como tiene alguien que vestir y mucho menos que renuncies a tu estilo, pero por desgracia, como un gran científico dijo en su dia: “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

El lenguaje no verbal

Aquí es donde hay que poner especial atención. Muchas veces creemos que solo hay que dar las respuestas apropiadas para superar el examen. Pues bien, eso es muy cierto cuando se trata del examen teórico carné de conducir, por ejemplo. Sin embargo, al igual que cuando nos encontramos con alguien por primera vez de forma subconsciente le examinamos, ese alguien también nos examina.

Aspectos como la postura, el tono y el timbre de su voz o la velocidad con la que hablas van a ser decisivos en la imagen que una persona va a construir sobre ti en su imaginario.

Esto está muy relacionado con la inteligencia emocional de cada uno. Aquellas personas que la han trabajado pueden llegar a obtener mucha información a partir de nuestro lenguaje no verbal. Saber interpretar lo que una persona está pensando o sintiendo solo es posible con el suficiente grado de sensibilidad y empatía. Esto es algo que no resulta fácil, pero es una vía con la que recabar mucha información útil y lo que es más importante, información veraz. Y es que mentir a través de palabras puede ser fácil pero como dice el título del libro de Alice Miller: El cuerpo nunca miente.

Tener control sobre lo que expresamos a través de nuestro lenguaje no verbal no es algo que se aprenda de la noche a la mañana, pero si que se pueden trabajar algunos vicios posturales o manías a través de la fisioterapia con técnicas de higiene postural, por ejemplo.

Estilo comunicativo

Nuestro estilo comunicativo determinará de forma decisiva la relación que establezcamos con los demás. Si bien está muy condicionado por aspectos como la autoestima y la confianza en uno mismo, un estilo comunicativo asertivo puede facilitar crear un vínculo efectivo con los demás. Una comunicación clara y directa, evitando situaciones que puedan incomodar al otro interlocutor y planteando cuestiones que resulten satisfactorias para todos permitirá alcanzar nuestros objetivos más fácilmente.

Esto no quiere decir que tengamos que dar la respuesta que el otro espera. No debemos caer en manipulaciones ni fingimientos. Pero cuando se trata de comunicar algo que pueda resultar incómodo para alguien, debemos esforzarnos en encontrar una fórmula que no se pueda interpretar como una agresión si no como una voluntad constructiva, honesta y leal. Si somos capaces de transmitir eso a nuestro interlocutor, esteremos empleando una comunicación verdaderamente efectiva y con la que perseguir mejor nuestros intereses.

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